Antes de los 6 meses de edad el niño ya dormirá en su habitación, separado de los padres. A partir de esa edad los niños ya no compartirán la habitación de los padres.

El horario del niño deberá ser bastante estable y diferente del de los mayores.

A la hora de irse a dormir, intentaremos que el ambiente sea tranquilo y relajado. Estableceremos un ritual de acompañamiento del sueño y el niño aprenderá a estar solo y a oscuras justo antes de dormirse, aún oyendo a los padres en casa.

A partir de los 6 meses de edad, las tomas nocturnas no suelen ser necesarias. El niño deberá acostarse sin llanto, conciliará el sueño espontáneamente y sin ayudas hasta la mañana siguiente, sin interrupciones dramáticas. Si esto no es así, indica que algunos hábitos todavía no están bien estructurados.

Ciertamente los niños pequeños suelen despertarse unos 30 segundos, unas 5-6 veces cada noche. Si el niño no aprende a dormirse solo, cuando se despierte por la noche despertará con su llanto a los padres, iniciándose una distorsión de los hábitos del sueño. El niño deberá aprender pues, a dormirse solo en sus breves despertares nocturnos: sin beber agua, ni leche, ni otras maniobras “para dormirle”. Simplemente solo.

Los padres ya saben que una actitud indulgente llevará al niño a insistir en nuevas vacilaciones, y a los padres a sentir cómo pierden su capacidad de guía y de control del niño. Mal balance, ciertamente, de un incómodo camino de noches en vela.