Es necesario diferenciar la inapetencia reciente de la habitual. La inapetencia reciente es la que aparece cuando el niño sufre una enfermedad aguda, y lo más probable es que ésta desaparezca cuando se resuelve la enfermedad. En estos casos no hay que obligarle a comer, sino ofrecerle abundante cantidad de líquidos y fraccionar las comidas en varias tomas.
La inapetencia habitual es la que se prolonga en el tiempo y puede ser falsa o verdadera.
La falsa inapetencia, debemos sospecharla cuando el niño come muchas golosinas, toma zumos todo el día, toma abundante cantidad de leche, come a deshora, come dulces antes de las comidas, no acepta “determinados” tipos de alimentos, por ejemplo verduras.

La verdadera inapetencia es aquella que frecuentemente se presenta en un niño con un peso por debajo del normal para su edad, sin energías o desganado. Esta situación, suele ser generalmente sinónimo de enfermedad, y el médico es el encargado de realizar el diagnóstico y comenzar el tratamiento lo antes posible para que el niño pueda reiniciar una alimentación adecuada y recuperar su peso.

Como manejar a un niño con falsa inapetencia:

  • Reducir el consumo de golosinas.
  • Cumplir con las cuatro comidas principales diarias (desayuno, comida, cena y almuerzo o merienda).
  • Regular la ingesta de zumos o leche.
  • No permitir que el niño coma a deshora.
  • Controlar qué come fuera del hogar.
  • Tener en cuenta sus preferencias en cuanto a las formas de preparación y variedad de los alimentos.
  • Crear un ambiente relajado a la hora de las comidas y evitar compaginar la comida con otras actividades (TV, radio, juegos&).
  • Permanecer en la mesa durante el tiempo que dure la comida.
  • Probar con nuevos alimentos a pequeñas dosis, sin consentir todos los caprichos.
  • Cuando el niño adopta una conducta inadecuada a la hora de comer, no se deberá manifestar con gritos, enfado o castigos. Se retira el plato una vez finalizado el tiempo acordado y se le presenta en la próxima comida. No tiene sentido “chantajear”, “comprar” o “castigar” al niño para conseguir que coma.
  • Los niños que comen menos en una comida lo suelen compensar comiendo más en la siguiente.
  • La familia no debería forzar a sus hijos a comer.
  • Los niños pueden estar cansados o sobreestimulados como consecuencia de los juegos y por lo tanto no tener sensación de hambre ni deseos de comer.
  • La atmósfera a la hora de comer así como el comportamiento de cada uno de los miembros de la familia en la mesa puede estimular al niño a imitarlos y de esta manera a comer de forma correcta.

Tener en cuenta que los niños pueden ser manipuladores, es decir, saben que negándose a comer pueden obtener ciertos beneficios. ¡No los consienta todos!.