Una buena hidratación alivia algunos de los malestares más comunes del embarazo, como el estreñimiento y las infecciones de orina.

Las recomendaciones que hacen médicos, matronas o dietistas a las mujeres embarazadas sobre la importancia y la necesidad de beber suficiente líquido van más allá de hidratar al organismo. Gracias a una buena hidratación, algunos de los síntomas derivados de los cambios hormonales que se suceden durante el embarazo se alivian o, cuando menos, no empeoran. La disminución de la secreción de la saliva es una situación propia del embarazo, lo que puede dar lugar a la sensación de tener la boca seca, mal sabor de boca y halitosis.

Estas incomodidades se pueden aliviar si la mujer embarazada toma suficiente cantidad de agua u otros líquidos, que ayudan a generar más saliva. También los cambios hormonales son responsables de que se reduzca la movilidad de los intestinos, lo que explica que sea tan frecuente el estreñimiento durante el embarazo. Esta situación se empeora si la gestante no toma suficientes líquidos.
Salvo contraindicación médica, en caso de notar ligera hinchazón en las piernas es básico beber abundantes líquidos.

Además, durante el verano y debido al calor, es frecuente notar las piernas hinchadas y cansadas, situación molesta e incómoda que se debe en la mayoría de los casos a que el organismo retiene líquidos al no recibir suficientes. Salvo contraindicación médica, en caso de notar ligera hinchazón en las piernas, la primera recomendación y más básica es beber abundantes líquidos, con el fin de forzar la función de los riñones, favorecer la circulación de la sangre y de los líquidos y eliminar toxinas y demás productos de deshecho del organismo.

No en vano, al beber la cantidad de agua que el cuerpo elimina a diario, unos dos litros (ocho vasos), todos los órganos -corazón, riñón, hígado, músculo y piel- están bien hidratados y funcionan mejor. La sangre está más diluida y es más fácil distribuir los nutrientes por todo el organismo. La orina es más abundante y esto ayuda a depurar el cuerpo de toxinas. Se reduce la posibilidad de que se produzcan cálculos renales, y en consecuencia infecciones de orina o cistitis, un problema relativamente frecuente entre las mujeres embarazadas.

También se previene o se mejora el estreñimiento, muy común durante el embarazo, al estar las heces más blandas. Además, en verano, si el cuerpo está bien hidratado, regula mejor la temperatura corporal mediante la evaporación de agua por la piel. Esto supone una ventaja, ya que si el embarazo está muy avanzado, el sobrepeso hace que sea más incómodo sobrellevar el calor.

Hidratarse, dentro y fuera de casa

Existen numerosas alternativas a la hora de elegir las bebidas que más apetezcan para calmar la sed, tanto si se está en casa como si se sale a tomar algo. En casa se pueden preparar, de manera rápida y sin complicaciones, zumos a partir de cualquier tipo de fruta, aprovechando ahora en verano las que están de temporada: sandía, melón, melocotón, paraguayo, uva moscatel, pera, naranja.

También se pueden combinar los zumos de fruta con licuados de hortalizas como el de tomate, pepino y limón, o zumos de zanahoria, remolacha, entre otras. Un tipo de zumo de hortaliza muy popular en los meses de verano es el gazpacho, que no sólo puede consumirse como entrante o primer plato de una comida, sino que constituye un tentempié muy saludable a cualquier hora del día. Aunque habrá que ver si “repite” alguno de los ingredientes del gazpacho o si resulta demasiado ácido para el estómago, ya que durante estos meses suele estar más delicado.

Si la fruta se mezcla con yogur o con leche, se obtiene un refrescante y nutritivo batido. Y tanto con zumos como con batidos se pueden elaborar deliciosos helados si se meten en moldes en el congelador.

Las infusiones con hielo también resultan refrescantes y, además, no contienen calorías si no se les añade azúcar, al igual que los refrescos “light”. En este caso, conviene elegir las que no lleven cafeína ni otros excitantes. No obstante, conviene recordar que no hay nada tan refrescante e hidratante como el agua, a la que se le puede añadir un poco de zumo de frutas, de infusión, unas hojas de menta o unas bolitas de anís para que sepa diferente si cuesta beber el agua sola.

Refrescarse sin alcohol

Durante los meses de verano en los que el calor aprieta, resulta apetecible tomar alguna bebida que ayude a soportar las altas temperaturas. La cerveza es una de las bebidas más consumidas, y la mujer embarazada puede optar por tomar, por ejemplo, cerveza sin alcohol.

Se sabe que cuando una mujer embarazada ingiere alcohol, éste atraviesa la placenta rápidamente y llega al feto. Dado que el organismo del feto aún es inmaduro, tarda mucho más tiempo en metabolizar el alcohol que el de una persona adulta. Por tanto, el nivel de alcohol en la sangre del feto tras la ingestión de alcohol es más elevado que el de la madre y puede permanecer muy alto durante más tiempo, lo cual resulta perjudicial para el bebé.