¿Quién no se ha quejado alguna vez de los puntos negros? No se trata de un problema grave de la piel, pero a todos nos resultan estéticamente molestos, especialmente porque salen en zonas de la cara, como la barbilla o la nariz, donde saltan al a vista.

La denominación punto negro es una acepción vulgar del término dermatológico “comedón abierto”. Los comedones abiertos, como lo denominan los profesionales, son lesiones planas o algo elevadas, con una coloración cutánea normal que se caracteriza por tener un orificio central donde se acumula un material de tacto untuoso y de coloración oscura (prácticamente negra).

Nuestra piel está constituida por poros o folículos pilosos (término científico). La formación de los puntos negros tiene lugar cuando el conducto del poro se rellena de secreción sebácea y queratina, que en contacto con el medio ambiente adquiere ese color oscuro.

Los comedones abiertos o puntos negros son distintos de los comedones cerrados. Además del color, se diferencian por las zonas donde suelen aparecer. Los puntos negros se localizan, habitualmente, en la cara (nariz y barbilla, especialmente) y los blancos pueden formarse en muchas otras áreas del cuerpo como la espalda o el pecho.

Los comedones abiertos no suponen un problema dermatológico, aunque son incómodos estéticamente hablando. Sin embargo, los cerrados se consideran más importantes desde el punto de vista de la enfermedad cutánea porque son los precursores de las lesiones de acné.

No hay pieles más propensas que otras a sufrir puntos negros. Todas las personas pueden tener comedones abiertos porque no existe una relación directa entre el tipo de piel y éstas lesiones. Las pieles normales, mixtas y secas, también tienen puntos negros porque éstos nada tiene que ver con la seborrea propia de las pieles grasas.