A los dos meses empiezan a establecerse importantes pautas de sueño y comportamiento. Durante el tercer mes, tu niño está intentando desarrollar pautas de comportamiento predecibles, controlar su sueño, su vigilia y su llanto. Debes ser consciente de sus necesidades y procurarle un ambiente que le reconforte y le tranquilice.

En esta etapa comprobarás que cada día que pasa tu bebé está más alerta y que comienza a reaccionar de forma más intensa a tus estímulos. Conforme sus hombros y su cuello se hacen más fuertes, va tomando control de su cuerpo y se va preparando para explorar el mundo que le rodea.

Sueño: las pautas

Si bien es verdad que a esta edad la pauta de sueño suele ser, por lo general, más predecible, existen muchos factores que determinarán la evolución de cada bebé, entre ellos su temperamento. El bebé con carácter más inquieto llora más, es más difícil de consolar y es menos predecible en sus ciclos de sueño y vigilia.

Existen además muchas diferencias en cuanto al momento en el que los bebés dejan de despertar durante la noche. A esta edad pocos son los bebés que duermen más de cuatro horas seguidas. Lo más normal para un bebé de dos meses es que se despierte dos o tres veces a lo largo de la noche.

Comunicación: cara a cara

Si tú bebé tiene 11 semanas y tú o su padre le cogéis en brazos y le habláis cariñosamente, comprobaréis que ya sonríe, gesticula, mueves sus brazos y patalea de excitación y felicidad.

Con este tiempo el bebé es capaz de jugar durante largos periodos de tiempo. Está alcanzando un nuevo nivel de sincronización en la comunicación con sus padres, ya los reconoce y le gusta acurrucarse contra ellos. Le encantan las caricias y los masajes suaves. Reconoce a qué sentimiento corresponde cada entonación o cada gesto. En este momento es importante para los padres o cuidadores estar atentos a las necesidades de atención y estimulación de los pequeños, así como a sus necesidades de descanso. Deben ser conscientes de sus fluctuantes tolerancias al juego, de forma que disfruten estimulándolos y también permitiéndoles que se tranquilicen cuando ya han tenido suficiente.

Cognitivo: el temperamento

Durante el embarazo todos los padres tienen el sueño del “bebé perfecto” y resulta bastante difícil aceptar que no pare de llorar y que se muestre infeliz la mayor parte del tiempo, incluso en los momentos de juego. ¿Qué estoy haciendo mal? Es la pregunta que se hacen los padres en esta situación. La respuesta es, muy probablemente, nada. Hay que entender que no todos los bebés son iguales. Algunos bebés tienen simplemente un temperamento más inquieto que otros. Los bebés inquietos tienen una mayor tendencia a llorar, y pueden no reaccionar tan bien como otros a cambios en sus rutinas o en su ambiente.

Cuidar a un bebé con este temperamento no es fácil. Llora más y con más intensidad, es más difícil de consolar, sus etapas de sueño y vigilia son más impredecibles y encuentra los cambios en el ambiente difíciles de aceptar. Requiere en los padres una gran cantidad de energía y dedicación y, por encima de todo, mucho apoyo familiar y del entorno.

Habilidades motrices: el control de los reflejos

A los dos meses el control de su cuerpo está comenzando a cambiar rápidamente. El bebé tiene mayor control sobre su cabeza y la parte superior de su cuerpo. Tumbado boca abajo es capaz de elevar la cabeza apoyándose en sus brazos, mantenerla unos minutos en esa posición y observar su alrededor. Puede girar la cabeza hacia su lado favorito y llevarse la mano a la boca sin problema. Si lo tumbas boca arriba comprobarás como ejercita sus brazos y piernas. Y si le acercas un objeto, verás cómo lo golpea y disfruta con su movimiento. En definitiva, podrás observar cómo los reflejos con los que nació van desapareciendo y en su lugar van desarrollándose movimientos voluntarios.