Varios estudios publicados en la revista ‘American Journal of Obstetrics and Gynecology’ subrayan la importancia de que el feto permanezca en el vientre materno hasta la semana 39, salvo que exista alguna condición médica que obligue a lo contrario. Por cada siete días que transcurren entre las semanas 32 y 39, el riesgo de complicaciones disminuye un 23%, según subraya uno de estos trabajos.

Los partos prematuros (los que se producen antes de la semana 37) aumentan de forma constante desde hace tiempo en la mayor parte de los países industrializados. Muchos de estos alumbramientos son producto de intervenciones obstétricas encaminadas a solucionar algún problema del embarazo (rotura de membranas, etc.) y por eso su incremento está asociado con un pronunciado descenso de las muertes fetales y neonatales.

No obstante, en los últimos años ha crecido el número de intervenciones que no están médicamente justificadas, amparadas por la falsa idea de que no existen casi riesgos asociados a traer al mundo a un niño de 34 a 36 semanas de gestación (lo que se conoce como parto prematuro tardío). Pero esto no es cierto, tal y como subrayan diversas investigaciones.

Una de ellas señala que no existen diferencias en cuanto al riesgo de complicaciones entre los nacidos a lo largo de la semana 34 y los neonatos de 32 y 33. “Un hallazgo que desafía la idea popular de que la semana 34 de gestación marca un línea divisoria en la madurez fetal”, indica un editorial publicado en la citada revista.

De hecho, nacer antes de la semana 39 conlleva un incremento del riesgo de muerte perinatal, de problemas respiratorios, neurológicos e incluso sociales. Además, “tienen un 40% más de posibilidades de padecer cualquier tipo de discapacidad”, prosigue este artículo.

En la última quincena, el feto debe madurar

Uno de los estudios que analiza, en el que se tomaron datos de más de dos millones de nacimientos en Estados Unidos, indica que, comparados con los niños nacidos a término, aquellos que nacen en la semana 37 y 38 tienen más riesgo de desarrollar una patología respiratoria. Estos resultados subrayan la importancia de que “la gente se de cuenta de que cada semana cuenta” , explica uno de los autores del editorial.

Durante los últimos días de embarazo tienen lugar una serie de fenómenos cruciales para preparar al bebé para la vida fuera del útero. Aumenta la grasa corporal del feto, para que sea capaz de mantener la temperatura corporal; los pulmones completan su maduración para ser capaces de cumplir su función fuera de la madre, de la misma forma que el hígado.

Rebasar los nueve meses de embarazo también puede tener consecuencias negativas para el niño. Los niños nacidos postérmino (semana 41) tienen más riesgo de sufrir lesiones y de aspirar meconio, mientras que las madres padecen más morbilidad febril.

“Dar a la luz en la semana 39 parece estar asociado con el riesgo más bajo de mortalidad materna y neonatal”, concluyen los autores de uno de los trabajos. “Los esfuerzos clínicos y científicos deberían concentrarse en acciones preventivas para minimizar las complicaciones que aparecen antes y después de ese momento”, añaden.