Aunque la mayor parte de problemas médicos de los recién nacidos son los derivados de la prematuridad y el bajo peso, pueden surgir una gran variedad de rarísimos e infrecuentes defectos y enfermedades. Sin embargo, hay unos cuantos problemas, a veces lindantes con la normalidad, que se repiten con más frecuencia y es interesante conocer.

Sospecha de infección

Las infecciones del recién nacido tienen dos características: pueden ser rápidamente letales y sus signos iníciales son a veces muy sutiles. Por eso, los neonatólogos se muestran muy cautos y ante la menor sospecha, efectúan un análisis de sangre que apoye o descarte la posibilidad de infección, a la vez que ponen en marcha cultivos, no sólo de esa sangre, sino a menudo también del líquido cefalorraquídeo que obtienen mediante una punción lumbar, de la orina, del ombligo y hasta del oído del bebé.

Pero el resultado de esos cultivos, que son los que confirmarán o negarán la presencia de una infección, puede tardar hasta dos días, y si el recuento de leucocitos o alguno de los otros datos que pueden obtenerse casi inmediatamente del análisis de sangre no son tranquilizadores, se inicia un tratamiento antibiótico aun sin tener todavía la certeza de que sea necesario. El riesgo que entrañan las infecciones en el recién nacido justifica esa actitud preventiva, aunque finalmente los cultivos son mayoritariamente negativos. Se suspende entonces el tratamiento y el diagnóstico final es “Sospecha clínica de infección no probada”.