Ha llegado su primer cumpleaños y toda la familia está preparada para hacer de ese día algo muy especial. El niño ya es capaz de caminar y su intelecto está más desarrollado, por lo que es una buena ocasión para que le regalen juguetes que satisfagan estas nuevas necesidades.

En este momento necesita sentirse seguro en sus exploraciones, por lo que debe alentarse su espíritu de independencia, sus intentos de andar, sin que se vea presionado. Desde ahora hasta los 20 meses aproximadamente, el niño tomará conciencia del “hacerlo por mí mismo”. Dominar lo que se propone se convierte en algo muy importante, y se frustrará cuando falle en sus intentos.

Este es también el momento en el que empieza a entender la permanencia de los objetos y lo demuestra recordándolos. El niño preguntará por un juguete o una galleta que sabe que existe aunque no la haya visto todavía. Por otro lado, el temor a la separación tiende a llegar a su punto álgido en estos momentos.

Sueño: las pesadillas

Aunque eres tú quien debe adivinar cuál es su necesidad de sueño, por lo general, a partir del año el bebé duerme de 10 a 11 horas por la noche y un par de siestas de 1 o 2 horas de duración a lo largo del día.

A esta edad es muy probable que se despierte en mitad de la noche sobresaltado. Se debe a que en los niños prevalece el “sueño activo”, al contrario que en los adultos en los que prevalece un sueño más profundo. Durante la noche, por lo tanto, los bebés están continuamente soñando, y es en estos sueños donde se reflejan todos sus temores y las impresiones vividas durante el día. En estos casos no debes dejarlo llorar solo en su habitación, porque su angustia se acrecentaría con el temor a perder a sus padres. Debes abrazarlo y consolarlo hasta que se tranquilice. Puedes dejar la puerta abierta y una luz encendida. Terminará conciliando de nuevo el sueño.

Comunicación: con una palabra basta

Durante los meses anteriores el niño ha ido afinando la capacidad de imitación. Hasta ahora era solo capaz de repetir sílabas aleatoriamente. En este momento ya articula palabras que, aun siendo incorrectas y ambiguas, ya expresan una intencionalidad. Una sola palabra expresa una frase entera y podrá utilizarla para manifestar cosas muy distintas, en función de los gestos y de las situaciones. Es la habilidad de la madre la que permite que esas pocas palabras sean suficientes para crear la comunicación. Por otro lado, el niño podrá pasarse horas hablando con fluidez un lenguaje extraño, imposible de entender, pero que contiene ya rasgos propios del lenguaje de sus padres.

Cognitivo: el temor a la separación

La separación es la sensación más dolorosa que puede sufrir un niño a esta edad. Puede sentirse absolutamente aterrado si de repente pierde de vista a sus padres y se siente desorientado. Ahora que tiene más movilidad, tu niño mostrará mucha persistencia y entusiasmo por todo lo novedoso, por lo que necesita más que nunca saber que estarás ahí si él se mete en problemas, ya que le darás seguridad y le alentarás a seguir descubriendo cosas nuevas.

Habilidades motrices: los primeros pasos


La mayoría de los bebés, a esta edad, se pueden poner en pie y algunos pueden desplazarse agarrándose a todo lo que encuentran, pero todavía no saben andar independientemente. Por otro lado, muchos niños son reacios a dejar de gatear. Es tan práctico. Puedes moverte con más rapidez y acceder a sitios a los que no puedes si caminas. Pero se dará cuenta de que estar de pie le da una visión distinta del mundo y le deja las manos libres para explorar, una poderosa razón para empezar a andar.

El momento de empezar a andar viene determinado, en parte, por herencia familiar. Los niños más activos, nerviosos y musculares tienden a andar antes que los más tranquilos, gorditos y comodones. También influye el largo de las piernas. Aquellos con piernas más cortas tienen el centro de gravedad más bajo y son capaces de mantener mejor el equilibrio.

Algunos niños se pueden desanimar si han tenido una mala caída, haciéndoles posponer durante un tiempo un nuevo intento. Tu bebé debe esperar hasta sentirse más estable y entonces, probablemente, despegará como una bala. Si tu niño ha pasado una gripe, una infección de oído o algo similar que lo debilite, esperará a estar con fuerzas para realizar un nuevo intento. Por lo que ves, existen muchas buenas razones por las que tu niño todavía no camina.

Aprendizaje: el pequeño entra en acción

A partir de ahora el niño entra en acción, su imaginación empieza a desarrollarse y su personalidad empieza a divisarse. Tiene una movilidad mucho mayor y necesita juguetes adecuados para adquirir estabilidad y confianza en su nueva habilidad: juguetes que pueda empujar, como las carretillas, arrastrar o rodar. También son muy recomendables los juegos de llenar y vaciar, los puzzles, o cualquier actividad que pueda realizar con agua o arena, sobre todo si la realiza al aire libre. No hay que preocuparse demasiado porque en esta primera etapa sea más destructivo que constructivo.

Pero para que aprenda y disfrute realmente de los juegos, debes enseñarle tú. El niño necesita que tú le des vida a los juguetes para ver un vínculo emocional entre el juguete y tú. De esa forma, cuando juegue solo, te verá reflejada en el juguete y se sentirá más feliz. Pero enseñarle a jugar no es decirle exactamente lo que tiene que hacer, sino sólo ponerse a su altura y compartir el descubrimiento del juguete.

En esta etapa los bebés muestran mucha insistencia cuando quieren hacer algo para explorar su entorno y sienten grandes frustraciones cuando encuentran obstáculos. Se marcan objetivos e intenciones distintas a las de sus padres, rechazando sistemáticamente lo que éstos quieren que hagan. Tu niño debe aprender el significado de la palabra “no”, porque entonces aprenderá que existen límites, que hay cosas que no puede tener y lugares a los que no puede ir por su seguridad.