Así es, el estrés y la falta de actividad sexual pueden hacer “envejecer” el aspecto de la piel “hasta 10 años”, ya que la edad cronológica de una persona no es necesariamente la misma edad que la de su piel.

El sexo produce un aumento de la circulación sanguínea, renovando el río sanguíneo y oxigenando la piel.

Una persona con hábitos no saludables tiene la posibilidad de tener la piel 10 años mayor a la de su edad real. Según los expertos, los cuidados de belleza facial para combatir los agentes externos, el tabaco, mantener una buena alimentación e hidratación de nuestro cuerpo, protegernos del sol, y el aspecto genético son los principales factores que pueden determinar la edad de nuestra piel.

Con la actividad sexual, aumenta la circulación sanguínea, que renueva el torrente y oxigena la piel, una reacción que, acompañada de ciertas descargas de hormonas, establece la relación entre la salud de nuestra piel y las relaciones.

De la misma forma que los buenos momentos repercuten en nuestra piel, también lo hacen los momentos desagradables. El trabajo, en determinadas ocasiones, puede generar situaciones de estrés que provoquen ansiedad o malestar que se puede reflejar en nuestro rostro, de esta manera, nuestra piel parece más cansada y sin brillo.