Al generalizarse la práctica de la ecografía durante el embarazo, ya es muy habitual detectar dilataciones en la pelvis renal del feto, que permiten el diagnóstico precoz y el tratamiento de las distintas enfermedades capaces de producirlas, pero que en algunas ocasiones sólo son una falsa alarma.

La pelvis renal es el colector que, como un embudo, se adapta por su lado ancho al riñón, recogiendo la orina que fabrica, y por el lado estrecho se comunica con el uréter, que la lleva hasta la vejiga.

Cuando en una ecografía se observa una pelvis renal dilatada sin otro tipo de anomalías, se piensa que algo está impidiendo el vaciado normal de la orina, que al acumularse a más presión, empuja y dilata sus paredes. Por tanto, la dilatación puede ser causada por cualquier estrechamiento (estenosis) del uréter o de la uretra, aunque en este último caso se verán dilatadas, lógicamente, las dos pelvis.

Otras veces, la causa es el llamado “reflujo vésico-ureteral”, en el que falla el mecanismo de válvula que impide a la orina retroceder por el uréter cuando la vejiga está muy llena o se contrae, de modo que la orina acumulada en la vejiga, que sólo debiera salir hacia abajo a través de la uretra, sube hacia el riñón.

Hay alguna otra malformación capaz de producir un aumento en el volumen de la pelvis, y el diagnóstico ecográfico prenatal puede ser muy exacto. Sin embargo, es necesario practicar una nueva ecografía en los primeros días de vida, y cuando la dilatación observada antes de nacer es discreta y no se asocia a otras alteraciones, lo más frecuente es que se encuentren unos riñones y unas vías urinarias absolutamente normales.

Es uno de los defectos congénitos más frecuentes, pues afecta aproximadamente a uno de cada 200 recién nacidos varones, en los que el orificio de salida de la uretra o meato urinario no se halla en su sitio, centrado en el glande en la punta del pene, sino por debajo.

La importancia de esta malformación varía según lo alejado que se halle el meato urinario de su posición normal y, afortunadamente, en la mayoría de casos sólo se halla un poco desplazado, pero en el mismo glande. El hipospadias a menudo se acompaña de una distribución irregular de la piel del prepucio, que sobra por arriba y falta por abajo, y de la existencia de una ajustada banda fibrosa que provoca el arqueamiento del pene durante la erección.

Por lo general, la reparación quirúrgica se efectúa entre los seis y los doce meses de vida, aunque en los casos más graves puede ser necesaria una segunda intervención.