La cuestión no es si duele o no, o con qué intensidad; lo importante es estar satisfecha tras el parto y eso se consigue informando a las embarazadas de todas las posibilidades de atención y de los contratiempos que pueden alterar los planes a última hora. Sin embargo, en muchos casos no se consigue y las mujeres se sienten decepcionadas con el resultado.

“Las personas implicadas en los cuidados antenatales deberían escuchar los deseos de las mujeres acerca del parto y prepararlas para lo que realmente puede pasar durante el mismo”, concluyen los autores de un estudio publicado en la revista ‘BMC Medicine’.

La revisión realizada por investigadores de la Universidad de Newcastle (Reino Unido), que incluía 32 trabajos, halló discrepancias entre el dolor que las mujeres esperaban sufrir durante el parto y los métodos utilizados para paliarlo y sus experiencias. También detectaron desajustes entre el poder de decisión y la participación que las parturientas creían tener y los que después ejercieron.

Los datos analizados muestran que las mujeres subestiman la intensidad del dolor del parto. “Si las mujeres no son capaces de tener expectativas más precisas o realistas sobre el dolor no serán capaces de prepararse adecuadamente para dar a luz”.

“Nuestro análisis pone de manifiesto la importancia de la educación antenatal” para lograr que las embarazadas manejen la mayor información posible y puedan así tomar mejores decisiones, señala Joanne Lally, autora principal de la revisión. “Si las mujeres están mejor instruidas pueden expresar sus preferencias y saber además que las cosas no siempre salen como se han planeado”, añade.

La psicología también cuenta

Pero no sólo la calidad de la preparación al parto influye en la satisfacción final. La forma en la que las mujeres se enfrentan a este momento también es decisiva. Uno de los trabajos analizados mostró cómo aquellas que esperan que el dolor sea el peor imaginable suelen tener partos dolorosos y una experiencia negativa en general.

Por el contrario, el optimismo suele hacer que dar a luz sea algo positivo, independientemente de que sea doloroso. “Creo que es un dolor feliz, aunque sea infernal”, era la impresión de las más positivas. La ansiedad y el miedo también pueden influir negativamente en el parto.

“Las clases de preparación no son suficientes para preparar a las mujeres”, concluyen los autores.