Las experiencias sensoriales y la estimulación dentro del útero son esenciales para un desarrollo físico, emocional e intelectual normal del bebé. Gran parte sucede de manera natural, pero hay muchas cosas que puedes hacer para ayudarle. ¡Aprovecha estos nueve meses!

Mientras está creciendo en tu útero, tu bebé está desarrollando sus sentidos. Se habla mucho de la estimulación de los recién nacidos, pero en realidad podría y debería empezar mucho antes. Se ha de hablar a los bebés antes de que nazcan, ponerles música y encontrar la manera de mejorar su ambiente en tu vientre. Conecta con tu hijo a través del tacto, hablándole, cantando… y de ese modo estarás estimulando sus sentidos.

El objetivo de la estimulación es conseguir que el bebé alcance su pleno potencial. También puedes fomentar su inteligencia y reducir su riesgo de padecer dislexia o desarrollar algún trastorno de déficit de atención (TDA). Puedes ayudarle para que:

  • Se comunique contigo y con tu pareja.
  • Diferencie entre los sonidos del útero y los del mundo exterior.
  • Aprenda que los sonidos tienen significados y que pueden utilizarse para comunicarse; siendo el primer paso hacia el desarrollo del lenguaje por medio de establecer asociaciones entre las palabras y los significados.
  • Centre su atención; desarrolle y ejercite su memoria.
  • Aprenda el concepto del ritmo.
  • Estimule su inteligencia y la socialización. Los bebés estimulados de esta manera se muestran más alertas, atentos, relajados y amigables.

Hablar con el bebé

Puedes forjar un vínculo especial si te relacionas con tu niño varias veces al día. Los bebés, tanto en el útero como fuera de él, se comunican a través del movimiento. Un ruido alto o repentino será respondido con una patada, indicando que se ha alterado. Las emociones maternas, como la ira, la ansiedad y el temor también pueden dar lugar a rabiosas patadas. Estudios recientes demuestran que si experimentas temor y tu corazón empieza a latir con rapidez, el del bebé hará lo mismo. Al contrario, si le lees un cuento, su ritmo cardíaco bajará.

El feto escucha las vibraciones de tu voz a través del cuerpo. Aprende a reconocer el tono, el lenguaje y los patrones de voz que son exclusivamente tuyos y reconocerá tu voz en cuanto nazca. De esta manera, se sentirá tranquilo y le dará seguridad.

El tono grave de las voces masculinas atraviesa la pared abdominal con mayor facilidad que el de las voces femeninas. El bebé reconocerá las voces de hombre que hay escuchado con mayor frecuencia, pero preferirá el sonido de la de su madre. Procura, a la vez que le hablas, descansar y relajarte. Dedica 30 minutos, o más, al día, preferiblemente a la misma hora, para descansar en un lugar tranquilo y charlar con él.

Además, puedes comunicarte con él a través del tacto: siempre que sientas una patada, toca el lado contrario (donde estará la cabeza del bebé) y acaricia la zona mientras hablas.

Durante las primeras semanas del segundo trimestre es conveniente preparar una grabación con la voz de mamá y la de papá. Ambos deben empezar repitiendo el nombre del niño e identificándose. Algo así como: “Bebé, bebé, bebé, soy mamá”, expresado con muy buena vocalización. Seguir con frases cálidas, positivas y afectivas como: “Te quiero mucho”, “vas a ser un niño feliz y sano”, “vas a ser inteligente y capaz”. Repitiendo cada una tres veces. “Y ahora papá te va a hablar”, “soy papá” y otras frases similares a las anteriores.

Luego, a partir de la 20ª semana, podéis usar la grabación de forma regular, todos los días, especialmente durante los dos últimos meses del embarazo. Colocar los audífonos del reproductor en la parte baja de cada lado del abdomen, al nivel de la línea del bikini. El volumen debe ser el mismo que pondríais para escucharlo vosotros. Preferentemente en las primeras horas de la noche, ya que el bebé es más receptivo después de las ocho de la tarde y hasta la media noche.


Escuchar música

Las investigaciones demuestran que la música prenatal le supone una ventaja al feto. Los bebés cuyas madres les ponen música clásica a partir de la semana 20 en adelante, durante 10 minutos, dos veces al día, parecen evolucionar más rápido y experimentan un mayor desarrollo intelectual.

No hace falta que sea música clásica, puedes ponerle cualquier tipo, siempre que sea relajante y tranquilizadora. Los investigadores han encontrado que el feto reacciona a los tonos musicales puros, incluso aunque la música no esté en contacto inmediato con el abdomen, sino en el ambiente. Se ha demostrado que aún a cierta distancia el feto puede patear tan vigorosamente que interfiera los movimientos de la madre. Pero no a cualquier música. Aparentemente tienen predilección por la música armoniosa. En particular, los conciertos de violín son especialmente apreciados por los sonidos agudos de este instrumento. Si tu grupo de música favorito es Metallica, quizá debas esperar un par de años a mostrarle tu pasión por este grupo.

Luego, se comprueba que el recién nacido pone atención a una melodía escuchada repetidas veces antes del parto, porque se mantiene quieto, abre sus ojos, voltea la cabeza hacia el sitio donde proviene, flexiona los dedos y se cobija en los brazos.

También puedes cantarle o tararearle. Cantar aumenta la capacidad pulmonar y alivia el estrés, con lo que también te ayudará a ti a prepararte para el parto. Mejorará tu sensación de bienestar, que a su vez se transmitirá al bebé, y os proporcionará un medio de comunicación pre-lingüística, facilitando vuestro vínculo. El niño recordará las canciones después de nacer y podrás reconfortarle con ellas.

Estimulación a través del tacto

También tocando tu barriga pues transmitir distintas sensaciones a tu niño y ayudar a su desarrollo. Presionando un poquito el abdomen con un dedo notarás que el niño se mueve al intentar defenderse. Sin embargo, si te sientas cómodamente en el sofá y te acaricias el vientre de forma muy suave, con movimientos lentos y circulares, con pequeños masajes, esa sensación os encantará a él y a ti.

Se puede combinar el tacto con la meditación, potenciarás aún más la sensación. Mientras presionas suavemente al abdomen, cierra los ojos e intenta imaginarte lo que él siente mientras nada plácidamente en su líquido amniótico. La sensación será aún más placentera. Si dispones de tiempo, sumérgete en la bañera con agua templada, apaga la luz y platica con él.

También puedes combinar el tacto y la palabra. Así, a la vez que estableces un vínculo sensorial, el feto aprenda a asociar las palabras con la acción.

  • Aprieta tu abdomen firmemente, pero sin brusquedad, desde la cadera hacia el ombligo, repitiendo “apretar, apretar, apretar. Te estoy apretando”.
  • Frota circularmente la piel del abdomen con la punta de los dedos, como si rascaras, repitiendo “frotar, frotar, frotar, te estoy frotando”.
  • Palmea suavemente el abdomen, primero de un lado y después del otro, de abajo hacia arriba diciéndole: “palmear, palmear, palmear. Te estoy palmeando”.
  • Pasea las manos sobre el abdomen de arriba hacia abajo diciendo: “acariciar, acariciar, acariciar. Te estoy acariciando”.

El poder del pensamiento positivo

La investigación prenatal hace pensar que existe una conexión, vía hormonal, entre lo que piensa y siente la madre y su bebé. También existe un lazo entre la vida emocional de la madre durante el embarazo y la personalidad futura del hijo. Los disgustos breves que se resuelven enseguida no dañan al bebé; pero un problema emocional más grave, y el estrés sin resolver, puede producir niños emocionalmente alterados.

El flujo sanguíneo se ve negativamente afectado por la ansiedad, y mejora con técnicas de relajación. Los bebés de madres deprimidas tienen un mayor ritmo cardíaco y permanecen en un mayor estado de alerta antes el estrés. Aquéllos sometidos al permanente mal humor de su madre suelen ser más pequeños al nacer.

Los pensamientos negativos o la ansiedad provocan una respuesta en el organismo y favorecen la liberación de hormonas de estrés. Los pensamientos alegres estimulan la producción de endorfinas. Tu cuerpo, y por lo tanto tu bebé, es un reflejo de tus experiencias. Recuerda que, a medida que se desarrolla y durante todo el embarazo, tu hijo es consciente de tus sensaciones. Si estás contenta, triste, ansiosa o relajada, se refleja en el ambiente del útero y es recogido por el sistema nervioso del niño.

De ahí la importancia de controlar el aporte emocional que llega al bebé. Intenta que tu embarazo sea lo más tranquilo ya legre posible. Transmítele la felicidad que sentís ambos al esperar su llegada y el amor que ya le profesáis.