Los expertos alertan sobre un importante aumento del cáncer cutáneo debido al exceso de exposición a los rayos ultravioletas.

Los efectos nocivos de la exposición solar sobre la piel pueden agravarse como consecuencia del cambio climático. La Academia Española de Dermatología y Venereología advierte de un desacostumbrado aumento de los cánceres cutáneos entre la población e insiste en la necesidad de seguir unas normas básicas de prevención en la época estival.

Los carcinomas vasocelulares y epidermoides, junto a los melanomas, han pasado a convertirse en los tumores malignos más comunes que afectan al ser humano. Su incidencia crece progresivamente y los expertos hablan ya de “dimensiones epidémicas”. A pesar de que la palabra “cáncer” asusta, las campañas destinadas a erradicar hábitos tan cancerígenos como el tabaquismo no se sabe si triunfan tanto por su empatía comunicativa como por el miedo que suscita la enfermedad oncológica.

Sin embargo, los cánceres de piel son los únicos tumores malignos cuya incidencia no desciende a pesar de las campañas de información en prensa escrita, radio y televisión que cada verano alertan sobre los peligros del sol y la necesidad de protegerse con filtros solares. El buen tiempo invita a una vida al aire libre, que también se interpreta como signo de salud y de vitalidad. Los días son más largos y la exposición a los rayos solares es la tónica durante fines de semana, vacaciones o momentos de asueto.

Pero el confortable calor de los rayos del sol, incluso el beneficio que proporciona su incidencia, al otorgar brillo y color a la piel o culminar la síntesis de la vitamina D almacenada en los tejidos grasos, se ven contrarrestados por lesiones cancerígenas que guardan una estrecha relación con el tiempo de exposición a los rayos ultravioletas.