Una alimentación variada, baja en grasas y en azúcares, pero sin prohibiciones. Una alimentación equilibrada evita las carencias, el cansancio, la dificultad de concentración, la pérdida de belleza de la piel… ¿Queremos adelgazar?: reducimos las cantidades. ¿Mantenernos?: hay que equilibrar los gastos energéticos y las calorías de los alimentos.

  1. Comer es un placer
    Pon la mesa con detalle y come sentada. Evita comer entre horas y no te saltes ninguna comida. Para tener una sensación de cantidad, corta los alimentos en trocitos y sírvelos en un plato. Date un capricho una vez a la semana: un dulce, chocolate o un plato sabroso, saboréalo plenamente y come algo ligero en la siguiente comida.
  2. Comer para saciar el hambre
    Recobra las sensaciones de hambre y de saciedad. ¿Ya no tienes hambre? No comas más. Así, rápidamente reducirás la cantidad. Y come despacio, masticando bien, te saciarás antes y mejorarás la digestión.
  3. ¿Una invitación? ¡Fantástico!
    Disfrútala sin remordimientos. Come algo ligero al día siguiente, pero evita saltarte una comida. Y, además, no te peses inmediatamente. Espera dos o tres días para ver cómo está tu peso.
  4. Trucos para no comer entre horas
    Cepíllate los dientes nada más terminar de comer. ¿Tienes tentaciones? Tómate un té o una infusión muy aromática, sin azúcar. Un truco clásico, pero eficaz: mira una foto en la cual tu silueta no aparezca muy favorecida (¡pero tampoco te martirices colocándola en la puerta de la nevera!). No tengas alimentos tentadores, es la mejor manera de resistir.
  5. Un kilo de plumas, un kilo de plomo…
    El mismo peso, pero no el mismo volumen. Algo parecido pasa con los alimentos: la misma cantidad de calorías te sacia o te deja con hambre. Ejemplo: 100 calorías = 1 vaso de vino ó 10 ostras ó 1 kg de tomates ó 1 cucharadita de mantequilla ó 3 tostadas ó 400 gramos de espárragos ó 5 azucarillos.
  6. Trampas fáciles de evitar
    “Acabar” los platos de los niños.
    Empezar a comer el pan nada más salir de la panadería.
    Ir al supermercado con el estómago vacío: ¡te apetece todo!
    Abrir la puerta de la nevera al más mínimo estrés. Mejor opta por llamar a una amiga o escribe lo que te causa inquietud.

vía: www.clarins.com